martes, 21 de agosto de 2012

Bosque de ceniza

Estaba recostado en la bañera cuando el agua abrazó mi rostro.
Así me encontré caminando por la cornisa de un blanco bosque, en un silencio solemne, sulfuro insensato, donde las ramas de los arboles se encontraban encendidas; sus hojas grises como brasas en asfixia. Vi cientos de senderos que atravesaban el bosque, queriendo recorrer todos, escogí el más cercano, también busque atajos, y me encontré en un espiral que en el fondo me esperaba con las brasas de mi conciencia para comerme vivo, de a poco. Pero no fue calor suficiente, supuse que necesitaba la luz del sol.
Te esperé, intente escalar cada tronco, añoré alcanzar cada copa que paso por mis ojos, pero fue inútil, al igual que esperar abrigo de tu sombra cuando me diste la espalda aquella tarde de mayo, donde las hojas caían mas pesadas sobre el suelo de mi realidad.
Pero mis tobillos derramaron su fuerza por sostener mi cadáver entre el espeso barro, que como raíces,  se aferraba a mis zapatos viejos.
Caí de rodillas y solo atiné a observar el celeste resplandor del firmamento, cuando en mi mirada se reflejo la cadencia del flote de un ave en vuelo.
Sonreí.
Y una gota como disparo se estrelló contra mi frente, una lanza disidente se clavaba en mi pecho, como un susurro.
Como un intenso baño de agua caliente.

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