viernes, 12 de abril de 2013




Podría escalar seis veces la montaña de tu silencio para oír el eco que dejan mis manos tatuadas en tu piel.
Escupiría de mi puño la piedra que hace años aferran, apuntando al sol, mis ojos cerrados.
Cerros de barro blanco,  sirena que suena vacía en alta mar.

Entonces,

Bruñí con mis yemas los costados afilados de cada sombra/ de cada sabana;
para romper el espejo de lo estático. De un golpe entrar en las entrañas de tu figura para encontrar mis brazos buscando refugio en tu laberinto, un sordo hueco con muros escritos por mi, en un idioma que creo olvidado.


Muerdo mis labios y pronuncio
uno
dos
tres

mi silencio buscando respuesta.